Como sigo con poquísimo tiempo para bloguear, me tomo la libertad de copiar y pegar este post de La Huella Digital. No creo que su autor se moleste por eso, ya que él es el alma mater de esta iniciativa, en la que ya colaboré el año pasado.
Ya es 20 de noviembre y hoy miles de blogs y webs de todo el mundo gritamos contra la pornografía infantil escribiendo posts como este. Si has llegado hasta aquí buscando angels, lolitas, boylovers, preteens, girllovers, childlovers, pedoboys, boyboys, fetishboys o feet boys, vete directamente a la mierda. Por depravado sexual e indeseable. Te escondes en tu anonimato y tu vida aparentemente normal, pero sabes que algo gordo falla. Si buscas morbo o imágenes de menores desnudos en la Red y te da placer hacerlo, que sepas que eres un enfermo mental. Con tus aberraciones estás haciendo sufrir a los más pequeños, estás pisoteando pequeños corazones rotos a los que ni siquiera dejas tener la felicidad de la infancia. Eres basura y como tal vete ya de aquí. Ojalá en tu siguiente búsqueda te encuentres con otro de los miles y miles de blogs y webs que hoy y siempre vamos a gritar contra la pornografía infantil, la pedofilia y la pederastia. Unas lacras que, en mi opinión, son las mayores aberraciones que puede cometer un ser ¿humano?
20 noviembre 2009 | @ Irreverens a las 9:49 | 15 (ir)reverencias
BASTA YA
12 noviembre 2009 | @ Irreverens a las 13:25 | 26 (ir)reverencias
Teoría de la diversión
09 noviembre 2009 | @ Irreverens a las 10:53 | 38 (ir)reverencias
Caminando bajo la lluvia
Bajo la lluvia, el granizo, la nieve... y con el viento azotándonos. ¡Qué enorme placer! Todo un fin de semana en la montaña con un tiempo - al fin - digno del mes de noviembre.
El sábado por la mañana empezamos a caminar con 15 grados al sol y terminamos la excursión a primera hora de la tarde con apenas 1 grado positivo, la primera nevada de la temporada y una sensación térmica de 3 o 4 grados bajo cero debido al frenético viento que soplaba sin cesar.
Pasamos la tarde en el refugio, ora charlando con el guarda, ora leyendo... Eso sí, sin movernos de delante de la estufa de leña. Luego llegaron dos parejas: una de valencianos y otra de madrileños. Todos ellos asombrados del drástico cambio de tiempo y con la piel estremecida.
La cena fue realmente agradable. Siete personas desconocidas hasta ese momento compartimos mesa y conversación. Y más tarde, habitación. Que no cama.
El domingo amaneció grisáceo y con el viento algo más calmado. Desayunamos con la misma grata compañía con la que habíamos cenado. Tras la despedida de rigor, nos adentramos de nuevo en el bosque húmedo y repleto de aromas recién exhalados. Al cabo de media hora el viento volvió a arreciar con fuerza y empezó a llover. Así se mantuvo durante las cuatro horas y cuarto que estuvimos caminando hasta llegar al coche.
Me encanta experimentar esa quietud que se respira en el bosque cuando llueve sin tormenta. Me relaja un montón notar la lluvia caer sobre la fina membrana de la capelina que me recubre entera, al tiempo que respiro la esencia de los pinos, las hayas, los arces, los helechos, el musgo, los boj, el romero... Es una sensación realmente maravillosa. Es como si me zambullera en un baño desintoxicante. Como si me sometiera a un ritual vigorizante. Es como si me lavara por dentro.
Sea lo que sea, lo único que sé es que me deja con el ánimo eufórico. Y es por eso que os lo recomiendo encarecidamente.
02 noviembre 2009 | @ Irreverens a las 7:57 | 48 (ir)reverencias
Excelencia
27 octubre 2009 | @ Irreverens a las 19:40 | 30 (ir)reverencias
Sssstamos fatal
¿Por qué en las sociedades más desarrolladas existen más problemas de salud mental?
¿Por eso hoy hay muchos más enfermos mentales que hace 50 años?
21 octubre 2009 | @ Irreverens a las 22:33 | 53 (ir)reverencias
Suicídense, pero no molesten
Adri debería haber llegado a casa a las 20:30h pero sigue en el tren (son las 22:33h). Lleva más de 3 horas “viniendo”, a pesar de que su trayecto, en circunstancias normales, suele durar 1 hora.
Siempre ha habido arrollamientos en nuestra línea (¿será por el mar?), pero en las últimas semanas los suicidios se han convertido en algo habitual... Parece que la crisis está haciendo estragos, realmente.
Que alguien se suicide es una cosa muy seria. Vamos, que no es algo de lo que una debería bromear. Pero yo creo que pedir a los suicidas que al menos no molesten a los que quieren volver a casa a una hora razonable tampoco es tan indecente.
¿O sí?
06 octubre 2009 | @ Irreverens a las 11:34 | 41 (ir)reverencias
Hablar por los ojos
Cuento hasta tres para darme impulso mental y así poder zafarme del envolvente calor de las mantas. Se me corta la respiración nada más emerger de la cama. Corro desmañadamente hasta las duchas, situadas al otro lado del amplio pasillo, y me desnudo a toda prisa con los párpados aún a medio despegar. Agito los brazos y doy saltitos a la espera de que el agua coja algo de temperatura... Por fin mi piel reacciona al calor húmedo de la ducha; inclino la cabeza para que el chorro caiga de lleno sobre mi cogote. Me pasaría el día así pero no me queda otra que volver a mi heladera; esto es, mi habitación. La habitación compartida que tengo alquilada en la residencia de estudiantes. Un edificio que sigue igual que cuando se construyó, allá por el 1950. Es decir, hace unos 45 años.
Me seco con brío. Corro de vuelta a mi heladera y me visto en un santiamén. A falta de secador para el pelo, escurro mi cabellera enroscándola con la toalla. Preparo la bolsa, me calzo las botas, me enfundo el abrigo, me enrollo la bufanda al cuello, me desenrosco la toalla de la cabeza y me encasqueto el gorro de lana hasta las cejas. Lista.
Bajo corriendo las escaleras que llevan del tercer piso hasta la calle. La nieve cubre el pavimento pero las aceras están transitables. Me subo la bufanda hasta taparme la nariz. Me pongo los guantes. El termómetro que cuelga fuera de la farmacia del barrio marca 17 grados bajo cero. Podría ser peor.
Me dirijo con paso decidido hasta las paraditas de fruta y verdura que los turcos montan los viernes en la plaza que hay delante de la residencia. Se me ocurre que hoy podría comprarme algo de fruta para merendar. Mi situación económica sólo me permite tomar una comida caliente al día; la que sirven en la cafetería de la universidad y que está tirada de precio, aunque también deja bastante que desear. Recapacito. Quizás me apetecerá más tomarme un café con leche antes que una fruta. Y para todo no me llega. Así que habrá que decidirse...
Paseo la mirada por las paraditas mientras sigo el hilo de mis pensamientos. Me detengo ante un puesto de fruta muy bien presentado. Alzo la mirada, que a estas alturas ya se me ha hecho agua. Mis ojos se encuentran con otro par, igualmente enmarcados por sus correspondientes gorro y bufanda. Me sonríen. Los míos les devuelven la sonrisa. Acto seguido mi dedo señala un plátano y una manzana. Con gran agilidad, dos manos enguantadas los introducen en una bolsita al tiempo que una voz amortiguada pronuncia un precio. Pago. Y para cuando voy a retirar mi merienda, el hombre del par de ojos sonrientes me suelta que yo no puedo ser alemana. No, con esos ojos, no. Se me escapa una tímida carcajada y siento que mis ojos se cierran al reír. “Barcelona”, le confirmo. Y me voy.
Desde ese día, todos los viernes por la mañana el hombre de los ojos sonrientes me saluda cordialmente desde el otro lado de la plaza. Levanta un brazo para captar mi atención y, al tiempo que agita la mano en el aire, grita un sonoro: “Guten Morgen, Bartselona!”


